martes, 16 de agosto de 2011

Replay The Point: Florencia Labat en los octavos de final del US Open 1997


Florencia Labat en acción en el US Open 1997, en un gran partido de 2da. ronda.


En el año 1997, cuando era un adolescente, imaginar a un tenista argentino en los octavos de final de un Grand Slam era una aventura audaz. Gabriela Sabatini se había retirado del deporte y los jugadores locales que participaban del circuito difícilmente lograban pasar más de dos rondas en los principales torneos del mundo, sumamente exigentes.

Florencia en su partido de segunda ronda.
Pensarlo, entonces, ya era casi una osadía. Más teniendo en cuenta que en aquellos tiempos los Grand Slam sólo tenían 16 cabezas de serie y varias veces los jugadores Top 50 -como lo eran Florencia Labat o Hernán Gumy- podían medirse con algún Top Ten incluso desde la primera ronda.

Pero en esos años, recuerdo, no perdía las esperanzas. Fantaseaba. Soñaba. Cada nuevo Grand Slam que se presentaba, renovaba la ansiada expectativa de que alguna de las tenistas de nuestro país rompiera la barrera de la tercera ronda y lograra ubicarse entre las mejores 16 participantes del torneo.

Sin embargo, pasaban los certámenes, revivía el deseo, y la ilusión no se concretaba. 

Asombrosamente, el US Open de esa temporada fue el escenario de la utopía y la extraordinaria Florencia Labat, su heroína. 

Florencia, quien comenzó el torneo con 26 años y en el puesto número 40 del ránking WTA, había pasado con mucha comodidad sus dos primeras rondas sobre por el entonces verdoso cemento neoyorquino, aplastando a la mexicana Angélica Gavaldón (116ª) por 6-2 y 6-1 y a la italiana Francesca Lubiani (74ª) por 6-1 y 6-1.

Labat pega un drive en su match de 3ª rueda.
A pesar de estos resultados, todo hacía pensar, una vez más, que el camino de Florencia en el torneo bien podía detenerse en la tercera ronda, instancia donde la esperaría, seguramente, alguna de la principales candidatas al título.

Pero, llamativamente, la holandesa Brenda Schultz-Mc Carthy (13ª preclasificada y 14ª del ránking) había sido sorprendida en segunda vuelta por la juvenil bielorrusa Olga Barabanschikova (17 años, 91ª) y a Florencia se le presentaba así, por primera vez en muchos años, la posibilidad de acceder a los octavos de final de un Grand Slam sin tener que enfrentar a una de las mejores tenistas del circuito. 

Un partido para aprovechar y para intentar repetir, según expresó en ese momento Florencia, la cuarta vuelta que había alcanzado en el US Open de 1992.

Todavía recuerdo claramente aquel encuentro. Varios de sus puntos, muchas de las sensaciones que me provocó. El canal Fox Sports Américas transmitía el campeonato en directo y, antes del match de Labat, recuerdo también que aquel sábado habían presentado el partido de Paola Suárez ante la estadounidense Mary Joe Fernández, quien la eliminó con facilidad. 

Finalmente, un tiempo después, llegó el turno de Florencia en la cancha 10.      

Florencia festeja su luchado triunfo ante
Barabanschikova. Ya estaba en octavos.
Mi impresión inicial, además de la emoción por ver jugar nuevamente a Labat (en ese tiempo, era muy difícil ver a una tenista argentina por televisión) fue que Florencia no estaba jugando en el mismo nivel que la primera vez que la vi  en aquella semifinal de Madrid, en la misma temporada, cuando llevó a Mónica Seles a un tercer set. Sus pelotas quedaban cortas, iban sin potencia y cometía muchos errores que no eran propios de su juego, de su estilo. La soviética dominaba entonces el partido con solidez y profundidad y llegó a adelantarse con inimaginable contundencia 6-4 - 5-3 y a disponer de dos match points que hacían pensar, con desilusión, que Florencia no iba a concretar una nueva aparición en los octavos de final de este Major

Sin embargo, Labat apeló a su oficio, a su experiencia, a su inteligencia, presionó en ambos puntos y le trasladó a la joven Barabanschikova la responsabilidad de cerrar el partido, una situación que la europea no supo resolver. De este modo, Florencia forzó el tie-break, se impuso en el mismo con total autoridad (7 a 0) y terminó llevándose un triunfo inolvidable por 4-6 -7-6 (0) y 6-1.

Recuerdo que aquel tercer set Florencia sacó mucho mejor, sus golpes eran más potentes y la soviética cometió más errores, provocados en gran parte por la regularidad de la argentina.

"Sé que empecé muy nerviosa y mi pelota no pasaba la mitad de la cancha, pero cuando vi que se le escapaban esos dos puntos, me convencí de que el partido podía ser mío. Me pareció que no se animaba a ganarme. Ya en el último set estuve más tranquila. Lo más rescatable fue que lo gané luchando y eso me pone contenta", declaró Labat en la conferencia de prensa tras la victoria, concluyendo con una frase que la describe cabalmente: "Me iba mal pero seguí luchando, y creo que ahí estuvo la clave".

Labat se lamenta en un punto de su
partido con Hingis.
En octavos de final ya no habría guiños de fortuna en el cuadro  y la esperaría nada menos que la número uno del mundo y prácticamente invencible jugadora de esa temporada, la suiza Martina Hingis

"Contra ella no tengo nada que perder. No depende de mí", había anunciado Labat antes del partido. El resultado final de 6-0 y 6-2 no refleja el gran nivel con el que jugó Florencia aquel match, donde la zurda porteña fue una buena rival para la suiza. Convertida en la primera tenista argentina -hombre o mujer- en jugar en el flamante estadio central Arthur Ashe, Florencia concretó muy buenos puntos, acertó varios winners e incluso definió algunas pelotas en la red. También hubo muchos games que llegaron al deuce, pero allí Hingis fue más precisa. 
 
"Es muy difícil ganarle un punto, porque da la impresión de que juega a otra cosa. Pero me voy contenta porque volví a llegar a octavos y terminé redondeando un buen año", fueron las palabras de Labat luego de su despedida. 

Florencia en un descanso del partido de octavos.
Jugó un digno encuentro en el Arthur Ashe.
A la distancia, pienso que haber podido ver ese encuentro fue un lujo. Una tenista argentina, en la madurez de su carrera, jugando en los octavos de final de un Grand Slam de igual a igual ante la indiscutida número uno del mundo en el estadio central, en un contexto en el que sólo se hablaba de la crisis del tenis argentino y ninguno de sus representantes accedía a esas instancias, fue algo fabuloso.

Confieso que si bien, todavía hoy, nunca dejo de ilusionarme, de pensar que las tenistas argentinas pueden superarse y lograr resultados aun por encima de las expectativas, esta actuación de Labat es, en lo personal, casi insuperable. Más allá de la felicidad propia, viví ese resultado como un premio para Florencia, para su profesionalismo, para su esfuerzo, para ese estilo de juego singular y personal que mostraba cada vez que pisaba una cancha de tenis. Lo sentí, interiormente, casi como si hubiera ganado el torneo.

A los catorce años, seguramente pueda fantasearse más, sí, pero no por ello la concreción de una fantasía se valora menos. Los octavos de final de Florencia Labat en el US Open 1997, los primeros que viví de una tenista argentina, aun hoy, catorce años después, me producen una inmensa alegría.   




Fuentes e Imágenes: Archivo personal Diarios Clarín y Olé, AFP y Getty Images. 


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